La seguridad aérea y las víctimas de sus tragedias

Artículo de Pilar Vera publicado en prensa

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Artículo escrito por Pilar Vera Palmés, publicado en la revista Editorial MR, revista de información, seguimiento de actividades, entrevistas, de la Asociación Metrorisk

En la sociedad del riesgo en que vivimos hay diversas actividades que comportan singularidades en la forma que se producen y son todas aquellas en las que el ser humano no depende de si mismo sino de otros para realizarlas.

Llegue a su destino, sin nada más que hacer mientras dure, más allá de entretenimiento, dormir o simplemente quedarse sentado con el cinturón de seguridad abrochado como “recomendación” por seguridad para evitar daños a los pasajeros ante turbulencias inesperadas e imprevisibles que se siguen produciendo, a pesar de todos los adelantos tecnológicos con que cuenta la aviación hoy en día. Los llamados sistemáticamente como “accidentes” en aviación realmente no deberían considerarse así, habría que diferenciar entre accidente-tragedia-catástrofe.

El accidente se produce cuando se da claramente el error humano. La tragedia-catástrofe sin embargo es mucho más profunda y obedece a errores en la cadena de la seguridad aérea.

James Reason y su famosa teoría del queso suizo incluye tanto los fallos activos en el sistema como las condiciones latentes y señala que la mayoría de los actos peligrosos no llevan indefectiblemente a un accidente. Es verdad que, en el día a día de la aviación, se cometen muchos errores que no terminan en consecuencias graves.

Sin embargo, lo preocupante es que algunos pocos, por acumulación de vulnerabilidades en el sistema, logran atravesar todas las defensas y generar un evento catastrófico: cada capa de defensa tiene agujeros y cuando esos agujeros se alinean, el “accidente” se vuelve inevitable. Por tanto, el error humano pilotos no es determinante para que se produzca, sino que hay que buscar en las vulnerabilidades de esos fallos latentes en el sistema para explicar en ocasiones sus causas. Los Informes Oficiales tienen la obligación de investigar esas causas para corregirlas en el sistema de la aviación civil, no busca responsabilidades que han de dirimirse en la instancia judicial si hay muertes o lesiones en las personas.

Lamentablemente los intereses que se mueven en la aviación son tan enormes que cualquier factor por mínimo que sea inclina la balanza en favor de los mismos y no del  verdadero objetivo que debería cumplirse para la seguridad de todos los que utilizan el avión como medio de transporte, cuestión a la que no somos ajenos los residentes en las islas, en especial los canarios para los cuales es el transporte imprescindible: casi 2.000 Km de distancia a Madrid no permiten por cuestión de rapidez otra opción.

¿Se han planteado alguna vez los investigadores de accidentes todas las emociones que sufren las personas que son víctimas o supervivientes de accidentes aéreos y/o sus familias?.

Aunque todavía hoy cueste reconocerlo, la memoria de cada una de las victimas fallecidas en accidentes aéreos está presente en cada mejora, en cada recomendación, en cada una de las acciones que se tomen para prevenir nuevos accidentes e incluso en cada aviador que surque los cielos llevando a sus pasajeros a su destino de forma segura. Actualmente la aviación mueve alrededor de 4.000 millones de pasajeros y la previsión es que en 2050 se multiplique por 3 llegando a los 12.000 millones, lo que se traducirá, sin temor a equivocarnos, que la cifra de accidentes se elevará en consonancia con dichas cifras. ¿Qué haremos para evitarlos?

El drama humano que se produce en cualquier familia por la pérdida trágica de uno de sus miembros es inenarrable: nunca te esperas que despedirlos en el aeropuerto y abrazarlos suponga que poco tiempo más tarde te comuniquen de manera confusa, caótica y sobre todo inhumana, que han fallecido o en el mejor de los casos que han sobrevivido a una tragedia que tiene más de guerra que de accidente. Los testimonios de los supervivientes que he conocido a lo largo de los últimos 17 años así lo demuestran, narran que sienten que el avión no puede despegar y cuando lo hace si lo consigue, cae en picado, trayectoria mortal si es en un aeropuerto, frenazo,

desintegración, explosión del queroseno que lleva en sus entrañas finalmente fuego y deflagración…. Los que sobreviven se enfrentan a otra cadena de sufrimiento: esperar la llegada de las emergencias sanitarias y que tengan la suerte de ser localizados y sobre todo tratados para salvar la vida en una primera fase, superada la cual, las siguientes son tratar de recobrar la salud tanto física como mental.

¿Qué clase de aviación queremos y que hacemos para cambiarla?: En estos casi 17 años que han pasado, he vivido casi de todo porque siempre hay alguna cosa que termina sorprendiéndome, pero parece que el muro que separa a víctimas de las que pueden serlo, no se derriba fácilmente. Nadie que suba a un avión está a salvo de no llegar a su destino, tal vez deberían pensarlo más para actuar mejor todos los que tienen la posibilidad de mejorar la aviación. Nosotros, los que ya hemos sufrido esos errores mortales, lo hemos y seguimos haciendo a nivel nacional e internacional. Por todos los fallecidos en cualquier lugar del mundo.. que están en nuestros corazones.

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